Los kalash de Pakistán, rodeados y al borde del fin

Pakistán es una inhóspita tierra, inexplorada para el viajero occidental pero colmada de tradición, historia, religión, y paisajes áridos que se confunden con los vergeles de algún oasis en el medio de la inmensidad asiática. Bien vale la pena una visita por sus ancestrales costumbres y riquezas.
Sin embargo las sucesivas guerras internas, el terrorismo islámico y el incensante fluir de milicias propias y ajenas, hacen de este territorio un lugar poco seguro, castigado y triste. Allí, en el corazón de las montañas pakistaníes, se ubica Chitral. Un singular refugio de algo más de 3,000 habitantes, que no son musulmanes, que consumen alcohol, que se visten con colores estridentes, que miran de frente sin velos separatistas y que viven del turismo. Se llaman a sí mismos “kalash” y temen que su final esté próximo.
La creciente violencia de la región, encabezada por los talibanes y su doctrina de intolerancia, han sumido a la comunidad kalash en un aislamiento que hace peligrar su supervivencia. Algo más de 200 turistas han llegado a la pintoresca aldea en lo que va del año. Sólo 200. Muy pocos para sostener la estructura turística (muy precaria) y una de las principales fuentes de recursos de sus habitantes.
Importantes fundaciones griegas contribuyen al sostenimiento de esta comunidad, única en su tipo, bajo el pretexto de que no pueden abandonarlos a su suerte por tratarse de descendientes de Alejandro Magno, el célebre conquistador. Esta característica (puesta en duda por muchos), hace que los kalash reciban con frecuencia viajeros provenientes de todo el mundo, sin embargo nadie quiere visitar un territorio convulsionado por las guerras, el hambre y el descontento.
Atrapados en su propio terruño, rodeados por fundamentalistas que presionan para que la región sea anexada a los dominios talibanes, con turistas reacios a llegar, paisajes de ensueño desolados por la violencia de los ataques y un incierto futuro por delante, los kalash aseguran que defenderán cada rincón de sus tierras, cada rasgo de su cultura identidad. Aunque esto sea lo último que hagan.
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